Ya no te quedes en el dolor, no tengas miedo de sanar, ya no queda nada en la espera
Es un consejo para alguien estancado en el sufrimiento y la tristeza. Una postura que, con más o menos razones, cualquiera puede adoptar con facilidad. Múltiples son los motivos que se nos presentan tanto en la actualidad de nuestras vidas como en nuestro pasado. Y en muchas ocasiones, la autocompasión pareciera resultar la postura más cómoda frente a la dinámica y las exigencias de una vida activa.
Es fundamental, y prácticamente imposible, entender el significado de esperar lo justo y necesario. Me atrevería a decir que el arte de saber esperar lo que corresponde puede traducirse en una vida sana y placentera.
Sin embargo, esperar, como excusa para no moverse, no sirve para alcanzar mejores estados. Creo que a este tipo de casos se refiere la canción.
No rechaces este sol, aunque duela, aunque no sea tu despertar
El sol es la fuente de la vida, si tu corazón está latiendo no deberías negarte a ver su luz. Vos preferís quedarte en la sombra, encerrado, durmiendo con tu dolor. Pensàs que no es el momento de despertar, es más cómodo quedarse como estás. El sol, literal o metafóricamente te va a ayudar. Un paseo, una charla, una película, un nuevo inconveniente también, porqué no. Seguir esperando no es nada. Es la nada. Es la muerte.
Cuerpos como nidos bajo la luz
Que se deshace en las colinas
Atadas al sur
Lecho de piedra imaginaria
A la espera de viajeros
El tren se fue y adiós le dijo al día
Y todo se ocultó
Después su silbato pegó en el sueño
Y aquello se hizo oscuridad
Una infinita oscuridad
Dos estrofas y una gran metáfora que describe el viaje anímico de seres entristecidos hacia un paisaje melancólico
Hojas sin rumbo bajo el viento
conserven todas sus desvíos
yo se que no interrumpirán el clamor
y ese contacto fiel
detrás de las urbes calcinadas
y explotadas por los rayos
Todas las hojas son del viento, pareciera decir otra vez. Únicas, y en azaroso y libre movimiento. Es por eso que algunas tendrán recorridos menos convenientes y sus momentos de lamento.
Sin embargo, hay maneras y lugares para encontrarnos con nosotros mismos, más allá de las circunstancias que nos toquen vivir.
La ciudad concentra los estímulos hasta el punto de calcinarte y hacerte explotar.
Detrás, afuera, lejos de las urbes podemos hallar ese contacto fiel con lo que verdaderamente somos y queremos.
Lluvia temprana desguazada
Entre las manchas de la tierra
Me dice que yo no ignoraré tu dolor
Ni tu soledad
Por más que mis manos cayeran del árbol
como las hojas en el otoño
El tipo no desconoce la situación penosa, no critica al otro desde un optimismo irracional. Se acuerda de él, o ella, mirando la lluvia caer y parece no querer abandonarlo/a aunque llegue a sentirse abatido irremediablemente como las hojas otoñales. Por eso repite antes de terminar:
Ya no te quedes en el dolor, no tengas miedo de sanar, ya no queda nada en la espera